El día que recorrí 100 kilómetros en bicicleta a más de 3000 m.s.n.m. para recolectar donaciones.

En nuestra acelerada vida, en donde la rutina rige nuestros días y predomina el cansancio del día a día, es muy difícil recordar con totalidad lo que hacemos a diario. Al viajar, esto se vuelve mucho menos complicado, y por eso lo hacemos. “Para escapar y no dejar que se nos escape”.

En enero del 2016, se me presentó una oportunidad que no dudaría en aceptar, una pequeña prueba del ansiado sueño de “vivir viajando”. Nexos Comuntarios, una ONG que promueve el desarrollo sostenible en comunidades andinas, se contactó conmigo para ofrecerme un pequeño trabajo de filmación y fotografía, a cambio de una experiencia de un mes entero en Cusco. En otras palabras, me estaban ofreciendo hacer dos cosas que disfruto hacer: viajar y filmar. (Y pagarme por hacerlo)

El trabajo fue bastante gratificante, pues conocí gente increíble que no dudaría en ofrecerme un vaso de Chicha de Jora en su humilde casa o acogerme y brindarme un techo y una cama a más de 4500 m.s.n.m.

En la casa de Saturnina junto a su familia.

En la casa de Saturnina junto a su familia.

Durante unas de nuestras reuniones con los chicos de Nexos, surgió una idea para recolectar donaciones para un Programa de Almuerzos Saludables para los niños de Cuncani, una comunidad ubicada a 4000 m.s.n.m., la idea era “bicicletear” desde la comunidad hasta Urubamba (Unos 100 km).

Durante la semana de preparación, nos regimos a una dieta saludable y una rutina diaria de ejercicios. Teníamos todo planeado, qué comer, cómo ejercitarnos, qué llevar con nosotros, etc. Lo que nunca calculamos fueron las casi 10 horas de ruta que se venían por delante y el cambio de temperaturas que sufriríamos entre el frío del Abra (4461 m.s.n.m.) y calor del Valle Sagrado.

Foto: Nexos Comunitarios.

Foto: Nexos Comunitarios.

7:05 a.m.

Ya en Cuncani, partimos a primera hora de la mañana y nos despiden Saturnina y Miguel, dos lugareños que se despertaron muy temprano para darnos ánimos y los mejores deseos. Respirar en altura es complicado, pero estaba listo para lo que sería una de las experiencias físicas más retantes de mi vida.

El primer tramo era descender de Cuncani a Lares (3150 m.s.n.m.) por una trocha (camino de tierra y rocas). La bajada bajo la lluvia fue bastante sencilla, sin embargo, tras 15 minutos de tramo, una piedra cae en el camino para sorprenderme, avisarme que esto no sería fácil y por supuesto, tumbando mi bicicleta y haciéndome volar un par de metros. Felizmente no pasó a mayores y me motivó aún más a continuar con la ruta.

8:00 a.m.

En Lares, aprovechamos a desayunar una contundente quinua caliente. A partir de este punto vendría la parte más dura todo el camino, la subida. Debíamos llegar al Abra Lares, el punto más alto de la zona (4461 m.s.n.m.), para luego descender hasta Urubamba. Con la bicicleta lista, y un buen playlist para amenizar el camino, empezamos a pedalear. En diversas partes del camino, tuvimos que bajarnos de la bicicleta y empujarla por lo empinado de las pistas.

12:30 p.m.

Luego de casi 5 horas, un casi calambre, mucho cansancio y un casi “me doy por vencido”, llegamos al Abra Lares, que nos recibió con una helada lluvia. En este punto, aprovechamos a tomarnos un selfie y disfrutar de la vista para continuar con la ruta.

Desde aquí ya era todo cuesta abajo y en pista asfaltada, menos esfuerzo físico y más disfrute de la experiencia. Pero eso sí, siempre con cuidado ya que las bicicletas podían agarrar mucha velocidad y podíamos perder el control.

No se aprecia, pero les juro que estaba lloviendo.

No se aprecia, pero les juro que estaba lloviendo.

 

¿Alguna vez se han detenido en medio de una experiencia para decirse a sí mismo: “Esto definitivamente es algo que voy a recordar para toda mi vida”?

Esta era una de esas veces que en medio de las increíbles vistas del Valle, me bajé de la bicicleta a disfrutar de la vista, el aire, la música… el momento. Es como intentar tomar una fotografía mental al momento y guardarlo para siempre.

16:30 p.m.

Tras una parada en Calca para hidratarnos, protegernos del sol y abrasante calor del Valle Sagrado. Terminamos, exhaustos, la ruta en la comunidad Media Luna (Urubamba). Donde los lugareños nos recibieron con EL MEJOR CHOCLO CON QUESO y chicha de jora que he probado en mi vida.

Y a todo esto, ¿Cuánto recolectamos en donaciones?

US$ 1000. Una cifra significativa y que sirvió íntegramente para el Programa de Almuerzos para los niños de Cuncani.

Nexos Comunitarios, Cuncani, Maricarmen, Carlos y Cristian: Gracias por tanto.

Foto: Nexos Comunitarios

Foto: Nexos Comunitarios

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