Miami no estaba planeada en nuestra vuelta al mundo, pero al ver que los pasajes estaban más baratos por esta ruta, decidimos darle una oportunidad. Todos hemos escuchado de esta ciudad en algún momento de nuestra vida, de nuestro compañero de colegio y sus vacaciones familiares, de las películas de Hollywood, de un tío que vive en Estados Unidos. En fin, Miami pintaba bien, una escala larga, 16 horas para poder tener un "glimpse" de cómo es antes de partir a Tokyo.

¿Viste de esos lugares que te la pintan hermoso, llegas y no pega contigo?

Bueno, así fue Miami Beach para nosotros. Creemos que es una ciudad increíble para alguien que está en la onda de pegársela fuerte toda la noche, bailar y terminar tirado en la playa mientras pasan Cadillacs y Hummers sonando reggaetón a todo volumen.

Sentimos que Miami Beach fue una zona en la que todos competían para ver quién la tenía más grande. El peinado más extravagante, la ropa más cara, el auto más cool, el cuerpo con más tatuajes. El "Ocean Drive" lleno de bares y restaurantes cuyos precios por un plato de comida superaban nuestro presupuesto diario en Asia; música a todo volumen.

Pero todo no fue malo, al menos pudimos disfrutar un rato del Atlántico; comer unas hamburguesas y unas costillas porque claro, "You are in America" y el tío Sam así lo manda.

En general, Miami no nos gustó. Y sé que es subjetivo, que de gustos y colores no han escrito los autores. Solo estuvimos en South Beach, y no es justo juzgar a toda Miami solo por esta zona. Ojalá tengamos otra oportunidad para cambiar de opinión porque quiero creerle a mi tío de Estados Unidos que Miami es "bacán".


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