'¿Qué tan malo puede ser?' - piensas, mientras te acercas a la boletería de Huay Xay cerca de la frontera Tailandia - Laos. 'Son solo 10 horas en bus, la hacemos tranqui' - te confirmas a ti mismo que todo va a estar bien, que ya eres canchero en trayectos largos en bus. Porque claro, fuiste desde Bangkok hasta Chiang Mai por tierra, tienes experiencia en tu propio país: de Lima a Trujillo y viceversa, inclusive pasaste en por Ticlio; la ruta más alta de Perú. Te sientes canchero. 'Nada puede ser peor que eso' - piensas.

En un intento de inglés, la encargada de la boletería te indica el precio y corrobora el destino al que quieres ir: Luang Prabang. Le preguntas, solo para sacarte las dudas si en el bus te dan comida y cuánto dura el trayecto; 'Sí y 10 horas' es su respuesta. Te quedas tranquilo pues venías preocupado de que no tenías suficientes kip (moneda nacional de Laos) ni para una sopa.

Son las 16:20 y aún nadie ha abordado el bus, solo se limitan a dejar sus maletas y bultos e intentar acomodarlos en la maletera y dentro del mismo bus. Se supone que teníamos que haber partido a las 16:00, pero ya sabes; es Laos, todo se mueve diferente aquí, no te molestas.

16:40 y subimos al bus, la gente se empieza a sentar donde puede a pesar de que los boletos tienen asientos numerados; la gente grita y en ocasiones discute, por suerte los nuestros nadie los tocó y te sientas. 'Qué rico aire acondicionado' - le digo a Tetsu mientras afuera se sienten unos 33°C de verano Lao. Te das cuenta que te tocó la última fila pegado a la izquierda, esos asientos que eliges enseguida si vas con tus amigos de campamento. Claro, todo muy lindo pero, no se reclinan, ni ahí. Están colocados tan pegados a la parte trasera del bus que te indigna cómo pudo alguien haber fallado en esto. 'Bueno, nada puede ir peor' - piensas.

Dan las 17:00 y aún no hemos salido de la estación de buses, hay 43 asientos en el bus pero como si fuese normal, la empresa vendió y metió más gente dentro; calcularía unas 65 personas. El pasillo del bus se empezó a llenar de banquitas bajas donde los desafortunados que llegaron tarde para comprar el ticket con asiento numerado, tienen que pasar las siguientes 10 horas; los niños estaban sentados en las escaleras del bus o sobre su madre que iba sentado sobre la escalera del bus, los asientos de a dos ahora iban de a tres.

17:06 por fin salimos con destino a Luang Prabang, en ese momento el que creemos que era un staff de la compañía, nos da una bolsita vacía de plástico trasparente a cada uno. Pensé lo peor. '¿En qué nos hemos metido?' - me decía a mi mismo mientras los locales agarraban varias de estas. El camino que nos esperaba debía ser duro.

Y lo fue. Iba anocheciendo y formándose esa clase de nubes que te indican que algo iba a salir mal. Se terminó el camino asfaltado y entramos a una trocha, a rutas de tierra llena de vueltas peligrosas que te recuerdan el Dakar. Vomita la primera persona, se escucha su arcada y el líquido que cae dentro de la bolsa de plástico. Bueno, ya vamos un par de horas aquí, solo quedan 8. 'Nada puede ir peor'.

Se supone que teníamos que haber llegado a la primera parada en 4 horas, íbamos 3 horas y media del viaje y no estábamos ni en la mitad. El aire acondicionado no se podía apagar y el bus pronto se convirtió en una congeladora, nos abrigamos. Mientras empezó a caer la noche las luces del bus se apagaron, supuse en ese momento que para que los pasajeros pudiesen dormir. Qué equivocado que estaba, al minuto que desapareció la luz, empezó a sonar música a todo volumen. Sí, música popular lao, tipo una cumbia que no entiendes ni el ritmo. Por un instante piensas que es un desadaptado social que trajo una radio consigo, pero no; suena en todo el bus; el conductor lo estaba dejando correr. '¿Es en serio?' - nos preguntamos.

Pasan las 5 horas y media, llegamos a la primera parada. Aquí, hay gente que se va bajando y los más rápidos van tomando los sitios vacíos que estos dejan. Al estar en la última fila, hay 5 asientos; 3 se desocuparon y una familia de 4 tomó este lugar. Empezaba a dudar que nos dieran comida a bordo del bus. Ya empezaba a hacer hambre, teníamos solo el equivalente a $1 en kip, decidimos esperar y no comprar nada en los puestos de comida donde paró el bus. Seguimos.

Tormenta eléctrica con lluvias. Perfecto. Nada puede ir peor. El conductor parece no haberse percatado del clima y ni por un segundo bajó la velocidad del bus, íbamos a 60km/h en un camino de tierra mojado, lleno de curvas en completa oscuridad. Ah, y con cumbia lao a todo volumen. La gente empezó a vomitar, solo rezábamos de que el niño que estaba sentado al lado nuestro no se le ocurriese lanzar el almuerzo. Pero a veces Dios no escucha. Vomitó y 'por suerte' solo nos salpicó un poco. Por suerte, pudo ser peor. 'Dale que ya nada puede ser peor' - piensas mientras rezas nuevamente de que aquí pare esta racha de eventos desafortunados.

El bus hace una parada en el medio de la nada. Literal. Donde hay un par de locales vendiendo algo. Tenía ya mucha hambre y bajé a ver qué había, solo vendían una especie de pepino que de apetecible, cero tenía. Pasé. Con el agua que teníamos debíamos durar el viaje. Han pasado ya 7 horas y no estamos ni cerca. Intentar dormir y tomar agua, fue lo que nuestro instinto de supervivencia nos dijo. Gastar el mínimo de fuerza posible y mantenerse hidratado. El bus arrancó.

Nuevamente pasado una hora, el conductor hace otra parada. La lluvia sigue y esta vez decido ni bajar para ver qué había. Una suerte enorme, pues a los 2 minutos de que el bus paró y abrió las puertas para que los pasajeros estirasen las piernas y comprasen algo; arrancó. Sí, así como les digo, arrancó y dejó a la gente que estaba fuera bajo la lluvia.

Se armó el caos, los pasajeros se pararon y empezaron a gritar de desesperación; por la ventana veías a la gente corriendo bajo la lluvia detrás del bus. Caos. Laos. Hasta que unos metros más adelante, el vehículo se detiene y abre las puertas; los pasajeros alcanzan a meterse empapados dentro del bus. Neumonía fijo. Hasta el momento, nunca entendimos qué pasó. En fin, nada puede ir peor.

Ya han pasado 11 horas, hace hambre, hace frío, ni tengo ganas de fumar, apenas se puede dormir por lo incómodo de los asientos. Apenas se puede dormir por la música que suena en el bus. Intentas reunir fuerzas para mantenerte motivado, pues al fin de al cabo, tu elegiste viajar así, tu elegiste vivirlo desde adentro. ¿Querías una experiencia auténtica? Pues aquí está, gózala.

Pasan 16 horas, abres los ojos exhausto y el bus se detiene, has llegado. O eso parece. La gente se empieza a levantar y a salir, echas una última mirada al bus semi vacío. Basura por doquier, un asiento roto, vómito en el suelo que nadie se dignó a limpiar. Es tu primer día en Laos y te recibe así. Aprendiste que jamás debes decir 'No puede ir peor', porque sí puede. En cambio, agradeces que pudiste vivirlo de esta manera, desde adentro, como un laosino. Así capaz empieces a apreciar y agradecer lo que tienes día a día. Y aunque las comparaciones son odiosas y no se deberían hacer, las vas haciendo mentalmente.

De esto se trata viajar.
¡Grande Laos, gracias por recibirnos así!




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