Mayo del 2015.

Viajaba con mi novia en Puerto Iguazú, hogar de las impresionantes 'Cataratas del Iguazú'. Después de haber visto la 'Garganta del Diablo', regresábamos a la estación principal en el tren ecológico.

Al haber sido uno de los últimos en subir al vagón, nos sentamos en asientos separados; en frente y a mi lado habían tres adultos mayores de procedencia Colombiana: dos señoras y un señor. A los tres se les notaba cansados, contentos; pero exhaustos. Hablaban entre ellos, al comienzo no les prestaba mucha atención pues estaba en mis propios pensamientos mientras veía los paisajes pasar, sin embargo; luego de unos 5 minutos, empecé a escuchar lo que decían.

"Qué pena que no pude ver la 'Garganta del Diablo'" - decía el señor mirando a su señora con una mezcla de tristeza e impotencia. "Ya a esta edad me canso rápido" - continuaba diciendo.

Para esto, desde la estación de tren hasta la Garganta, son 30 minutos de caminata sencilla sobre unas pasarelas planas, pan comido para muchos de nosotros.

"Con 10 años menos, seguro llegabas" - le bromeaba su señora. "¿Cómo es, no?" - lanzaba la tercera al aire, "Cuando uno está físicamente bien para ir de viaje, no lo hace; y esperamos a que nos cueste caminar para recién empezar a conocer".

Esto me dejó pensando muchísimo.
Aprendí estando de tercero, que uno tiene que viajar mientras el cuerpo se lo permita. Es irónica la vida, cuando tenemos tiempo y salud para viajar, nos falta dinero; y cuando tenemos dinero para viajar, nos falta tiempo y muchas veces no tenemos salud.

Gracias a estos tres 'sabios' aprendí, que uno tiene que experimentar y viajar todo lo que se pueda mientras es joven. Tiene que absorber la mayor cantidad de conocimiento, de lugares, de experiencias que te forjen para cuando seas mayor.

Ya habrá tiempo para asentarse, ya habrá tiempo para trabajar para la universidad de mis hijos, ya habrá tiempo.
Pero ahora, no lo es.

Ahora quiero aprovechar a aprender, ver tantos lugares y conocer tanta gente como mi cuerpo me permita (Y el dinero, claro). Nutrirme de toda la información y almacenarlos en mi disco duro. Para que, si tengo la suerte de llegar a viejo; mire atrás y diga: '¡No me arrepiento de nada!'.


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